martes, 15 de octubre de 2013

Baile de Epifanía

 
sepia, antiguo, poema, calor

     El saxofón se alzan en suaves notas que bajan a ritmos pasionales. La frescura de la noche lo atraviesa todo. Nos invita a abrazarnos, a bailar, a girar, a disfrutar de la alegría en el resguardo caótico donde decenas de pies acarician el piso y las paredes nos esconden el detalle del tiempo, haciéndonos sentir por encima de él. En mis labios el calor del Brandy se esparce y yo misma me vuelvo calor circundante.

Perdiendo la Fe en mí.


Timbran agudos los sonidos que perturban al oído, como delgadas navajas que viajan rápido hacia el centro. Oigo silbar al viento, queriendo llamar mi atención"Esto ya lo conoces. De esto ya hemos hablado" 
¡Y es cierto! 
¡Pero aún hoy me siento morir! ¡No veo el cielo ni sus astros o a la luz llegar al prado!
Amor
Mi amor
A un cuarto de distancia la pared se torna blanca. Oigo sus palabras retumbar salir aulladas a mitad de las montañas, sueño imitación de la copia flagrante que en ventanas vieron. 
Como maldiciones a un infante
Como las mentiras resguardadas que no salen.
Son ellas en su completa naturalidad, palabras secas que no valen nada.
Soy yo, en total ausencia del espectro al no hallar ese confort.
Agudas timbran y perturban mis oídos, lacerándome el ego, recibiendo aquella duda como vino y centeno, fracturando mi espíritu.
Perdiendo la Fe en mi.

viernes, 9 de agosto de 2013

La visita del Domingo

Correcciones múltiples (Aunque seguro me dejé muchas otras que no vi.)

     Garret salió de su casa pensando en las veces que uno tiene más suerte de la que merece. Cerraba la reja con las manos heladas, temblándoles de frío. Había llovido toda la tarde y a las 8 de la noche ya sólo caían unas gotas alargadas que causaban cosquillas a la cara. La cerradura parecía haber sufrido un cambio por el clima; cerrar estaba siendo extrañamente complicado, pero cuando por fin lo hizo, se volteó justo a tiempo para ver pasar un auto blanco. El pasajero (no el conductor) observó la casa admirado. Los rasgos de aquella persona se le hicieron familiares. La casa tenía un impacto visual muy poderoso. Parecía un pequeño castillo. Las paredes que daban a la calle tenían una textura rocosa y la reja gris galvanizada estaba formada de barras horizontales, que bien podrían usarse de escaleras. A la hora en que los padres van o vienen con sus hijos de la escuela, pocos pierden la oportunidad de intentar tragarse la casa con la mirada en el corto tiempo que les toma conducir frente a ella. El sujeto que había visto se parecía mucho a su mejor amigo. Cruzaron una mirada tan rápida que la duda de si era él o no nació de inmediato.

martes, 6 de agosto de 2013

El Parto de Marzia

Lectura y correcciones rápidas.

blanco y negro, café, dibujo, chica,

     La maestra había dado la orden de que los alumnos se pusieran de pie y desfilaran por el pasillo hasta llegar a las escaleras, y bajarlas. Había ordenado que fueran al salón de presentaciones, el salón Ps5, donde mostrarían en la pantalla del proyector el vídeo de un parto mientras lo explicaban a detalle. El día estaba como para asarse, diría Marzia si permaneciera más de medio segundo sin caminar bajo el sol. A paso acelerado se aproximaron los alumnos hasta la puerta del salón Ps5 para refugiarse en la sombra que el imponente edificio daba en dirección sur. Cuando Marzia entró, entre apretujones, se encontró con muchos grupos que habían llegado antes que el suyo. Ni si quiera podía ver bien la pantalla del proyector, que en ese momento estaba azul.

sábado, 3 de agosto de 2013

Kenneth

Primera lectura rápida con corrección rápida.
caminar, mochila, chica, atardecer, día soleado, despedida, de espaldas

     —He soñado que te encontraba en una tienda y nos reíamos mucho. Te hablé de mis problemas y tu sólo me mirabas tan comprensiva. Sentía que me querías. Te juntabas mucho a mí y yo estaba, no en la la séptima nueve, sino mucho más arriba. Nos fuimos a sentar en una esquina, en el piso. Hablábamos de tantas cosas, cosas que ahorita no recuerdo. Pero tu alegría y entusiasmo sí que las tengo muy presentes. Sentía que me querías y me acuerdo pensar "qué extraño y qué grandioso es todo esto", porque parecía tan real, ¡no había duda de que estaba pasando!

La Amenaza de Joad

granja, tétrico, puesta de sol,

—Voy a agarrar ese alambre y te lo voy a enterrar en el estómago. Veré que tan hondo llega. Cuando toque un fondo voy a subirlo hasta tu pecho. Espero mantenerte despierto el mayor tiempo posible, maldito. No te voltees, ¡Mírame! ¡No he acabado! Cuando acabe contigo quedarás loco de ver tu propio cuerpo desmembrado. ¡Tal vez hasta puedas ver tu propio corazón funcionando! Te voy a mantener con vida todo el tiempo que pueda. Conocerás que la demencia por dolor es peor que la muerte. Llegará un punto en que tu cerebro se dará por vencido. Mandará tantas señales que quedará exhausto. Eso sí te matará. Y aún no habré acabado contigo. Usaré aquella hacha y te cortaré la cabeza, la cual mandaré a tu maldita madre ¡¿Me estás oyendo?! ¡Se la enviaré a tu madre maldito animal! ¡Te arrancaré los dientes y luego se la mandaré! ¡¿Estás entendiendo!? —Dijo Joad a Owen, quien estaba atado a un poste de madera en una granja en Kansas. Si, dijo Owen.

viernes, 2 de agosto de 2013

El Fraude

Sin primera lectura ni corrección de ningún tipo.

     La puerta del despacho se abrió asomando una delgada mano blanca. La chica que la atravesó lo hizo con la mirada por los suelos. Después de cerrar la puerta la fue subiendo y contempló una figura alta que se dibujaba frente a ella en la poca luz del cuarto; ese figura dijo:
—Gracias por venir —La chica no respondió. Cambiaba la mirada del hombre a los múltiples adornos y figuras en la habitación. Había un librero que abarcaba una pared completa y en el suelo estaban montones de libros y papeles regados, algunos apilados; además de un ajedrez de madera con la mayoría de sus piezas tiradas en la alfombra—. Te he estado esperando. Ven. No, no. No te sientes —Dijo el anciano. Ella lo miraba intentando descubrir un fraude. El fuego en la chimenea daba un ambiente cálido que hacía a la madera brillar anaranjada; el piso, el librero, un escritorio y el tablero de ajedrez.

martes, 30 de julio de 2013

Sonidito Interruptor

Sin primera lectura ni corrección de ningún tipo.


     Tenía unos minutos que me habían dejado solo en casa. Diez minutos. Quince minutos. Estaba inmerso en el libro del Mago de Oz, que acababa de comprar el domingo pasado (hoy martes). Hacía calor en mi cuarto y el libro, gracias a la tranquilidad creo yo, iba avanzándolo a buen ritmo. Me distrajo el sonido vulgar de una lejana radio que susurraba canciones populares. Banda. No suelen molestarme, pero estaba muy tranquilo leyendo en silencio y la página en que detecté el sonido no la pude terminar.

viernes, 26 de julio de 2013

La mascota de Tory

Sin primera lectura ni corrección de ningún tipo.     


iguana

     Estaba sentado comiendo el desayuno caliente, comida rápida que compró mi mamá a unas calles de la casa, cuando la puerta principal se abría dejándome tenso. Acababa de ver por televisión una noticia acerca de robos domiciliarios. Era verano y hacían énfasis en que los ladrones no tienen vacaciones. Me comía mis gorditas de papa con muy pocas ganas. El día anterior había cenado ni más ni menos que séis pedazos de pizza y, aunque si tenía hambre, por nada podría acabarme las cuatro gorditas de papa que yacían calientes en el plato de unicel. El sonido de la puerta principal abrirse interrumpió mi atención y como una caricatura exageré la tensión de mi cuerpo para escuchar la voz familiar de mi mamá o de mi hermana. Yo estaba completamente sólo en casa en esos momentos. Habían abierto la puerta con mucha prisa, casi con violencia. Oí dejar unas llaves encima de la mesa y pensé: Los ladrones no las usan.
     Volví a darle una mordida a mi segunda gordita de papa.
Por la cocina entró mi hermana, que iba bien vestida porque venía de tomar un curso en la mañana. Si ya había vuelto quería decir que eran más de las dos de la tarde.
—Hola ¿por qué tanta prisa?
—¿Apenas estás desayunando?
—¡Ya no quiero! Ayer comí seis pedazos de pizza. Aún están en mi —Hablé como quien sufre por amor
     Mi hermana ponía a cargar su celular cerca de la mesa de la cocina, en un enchufe que tenía una silla justo enfrente, donde lo dejó conectado.
—Ya no vas a regresar, ¿no?
—No, pero al rato voy a irme al cumpleaños de Tory. Le estamos cooperando para comprarle una iguana.
—¿A ella le gustan las iguanas? —Viendo su celular me dijo que sí con la cabeza— ¿Y qué pasa si la mamá no quiere? Si te regalaran una iguana a ti, a mi mamá no le gustaría.
—Ay, Tory siempre que voy a su casa le trae a su mamá una gato nuevo  lo único que dice su mamá es "Ay Edith" —Mi hermana se desesperó con su celular y antes de que se fuera de la cocina le dije:
—¿Se llama Tory Edith? —Mi hermana me vio sorprendida, como si hubiera hecho un truco de magia impresionante, o algún tipo mentalismo digno del diablo.
—¿Cómo sabes?
—... Me acabas de decir.
—Ah, si —y sonrió sabiendo que acababa de verse muy taruga.
—¿Y cuántos cumple? —Para este momento ya había decido que dos gorditas era un desayuno bastante completo. No podía con una mordida más para la tercera.
—18 —¡Vaya! Tory siempre pareció más grande que mi hermana. En estatura ni se diga.
—¿Y Tory no sabe que le van a comprar una iguana?
—No. Yo estoy organizando esto. La iguana cuesta 300 pesos. Le pedí a cada uno de sus amigos 50. Dicen ser muy sus amigos, pero mira, cuando les pedí los 50, ninguno quería.
—50 pesos no es nada.
—Ya se, pero mira —e hizo un gesto con las manos—. Yo conozco a todos los amigos de Tory, pero no todos se conocen entre ellos. Somos ocho los que estamos cooperando y se supone que va a venir una amiga a las 3 ¿Qué horas son?
—No sé. ¿Por qué no le hablas por Facebook?
—Ya le mandé un inbox pero no contesta —y seguía haciendo no-se-qué en su celuar.
—¡Un momento! 50x8 no son 300 —Miré a mi hermana como si la desconociera, sonriendo en todo momento, admirado ante la maldad que estaba haciendo y que no tenía pensado contarme— ¡Te estás quedando con cien! —Se rió. La había atrapado.
—Yo organicé esto. Además, con el dinero pienso comprarle otras cosas. Pulseras y cosas así.
—¿Y si te descubren?
—Claro que no, no se conocen entre ellos
     Mi hermana volvió a salir por la puerta principal a encontrarse con su amiga, que había llegado puntal, y ambas se fueron en el auto.

miércoles, 17 de julio de 2013

El cerdito se quedó solito

   

     Estaba en medio de un cuarto azul. Azul era el techo, el suelo y las paredes, y yo estaba en medio. Estaba de pie y miraba mi mano izquierda que sostenía con mi mano derecha. Nada malo le pasaba a mi muy querida mano izquierda, pero algo en ella parecía no gustarme. Yo no era yo, no era más que un espectador de lo que estaba a punto de pasar. Yo, de hecho, no quería que pasara.
     Tenía la mano izquierda abierta y estiraba los dedos y los movía viéndolos muy atento. La verdad es que yo no los movía, pero eso parecía. Dejé de sostenerme la mano izquierda y llevé la derecha a la mesita de madera que tenía frente a mí. Tomé las tijeras que eran todo metal y sin dudarlo si quiera por un segundo me corté el meñique. Luego el anular, el medio y el índice. Sólo me quedaba una palma y un pulgar. Los dedos cayeron al piso y la sangre brotaba como fuente. Podía ver mis huesos y mucha carne viva que parecía preguntarme por medio de la sangre que me hacía creer que nunca se detendría, qué estaba haciendo.
     Y yo me preguntaba ¿Qué estoy haciendo? Hacía el gesto de convertir la mano en puño, pero entonces me di cuenta de que el puño lo hacen los dedos y lo único que obtuve fue más sangre que ahora salía disparada por la presión. «El cerdito se quedó solito», pensé al ver mi solitario pulgar. Mi mano derecha volvía a prepararse y tensaba los dedos para afirmar las tijeras y entonces se colocó en mi pulgar y también lo cortó. La sangre brotaba como si por dentro de mi cuerpo me guardara un río rojo. Era hasta cómico porque nada me dolía. Me puse la mano muy cerca del rostro y me miraba chorrear, desangrarme en medio del cuarto todo azul. Giraba la muñeca para ver bien mi mano sin dedos por todos los ángulos y se me hacía que la diversión pudiera haber llegado muy lejos.
     Desperté.